¿La calderilla se va a acabar?

A no ser que seas una persona de duro continuismo cotidiano, lo cierto es que en los últimos años se ha ido reduciendo la calderilla de nuestros bolsillos. Cada vez es más poco habitual que lleves monedas sueltas en el fondo de tus pantalones, y esta tendencia se agudiza si vamos a franjas de edades más bajas, dónde cada vez se extiende más el pago digital.

Las palabras bizum y similares son un clásico ya en nuestra vida diaria, para pagar entre amigos una cena (cuando la covid lo permitía) o para hacer un regalo colectivo, por ejemplo.

A todo esto, se abre el debate de qué hacer con las monedas de céntimo y de cinco céntimos de euro.

La Comisión Europea ya hace tiempo que trabaja en una propuesta a los estados miembros, que buscaría eliminar estas dos monedas.

El famoso redondeo

Sonará vintage, pero si una cosa se hizo famosa en el paso de la peseta al euro fue el redondeo. Esta técnica, en aquel momento, supuso una subido general de precios, ya que curiosamente redondear los antiguos precios en euro para que quedarán “mejor” o en números más cómodos siempre supuso una subida hacía arriba.

Con los céntimos pasa igual. Nadie compra algo por 9,99€, o por ejemplo 0,16€, cuando esto sucede, muchos países ya aplican leyes de redondeo. Por ejemplo, Finlandia, Irlanda, Italia o los Países Bajos han introducido normas para redondeo, sin que haya efectos en la inflación o subidas de precios relevantes.

Criterios económicos y medio ambientales

Pero más allá de un factor comercial o de redondeo, la lógica de estas regulaciones es simplemente la tendencia de querer reducir estas dos monedas, y potencialmente, la de 10€ más adelante.

Como en otras tantas cosas, la económica y el medio ambiente se alían, y es que producir céntimos de euro es caro, tóxico y perjudica el medio ambiente, además de generar residuos difiilmente tratables.

No es de extrañar, que al final el argumento central sea justamente el económico: producir estas monedas es más caro que el propio valor de la moneda. Lo que contradice (una vez más) las teorias económicas más extendidas sobre el respaldo real de la moneda.

Un mundo más digitalizado

Que cada vez se hagan más compras a través de móvil, internet o simplemente las transferencias entre particulares se hayan mult8iplicado con la bajada de comisiones por parte de los bancos, han hecho que el dinero sea más “virtual” que físico.

En países como China o Corea del Sur, lo extraño es pagar alguna cosa con dinero físico, ya que casi toda la economía se mueve con apps y pagos virtuales.

Sobre esto una derivada interesante, muchos bancos centrales ya trabajan en generar moneda virtual, ya que si tampoco se respalda el actual dinero papel quizá no haga falta ni tan solo producirlo.

Sea como fuere, la Comisión está decidida, y está en marcha un proceso de consulta pública para que los ciudadanos digan lo suyo (no duden en participar queridos lectores).

Para acabar, les recomiendo rebuscar en sus bolsillos o cajones en busca de alguna de estas moneditas, compartir con ellas unos minutos de nostalgia, para acabar abandonándolas de nuevo en el fondo de algún recóndito lugar de su hogar.

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